Etapa 4: Alicante – Málaga

Dia Cero: Dubai – Alicante

A bordo del tren AVE, voy llegando a Albacete y no ha parado de llover, que no me extraña pues eso es exactamente lo que el pronóstico del tiempo viene diciendo hace días. Esta temporada de lluvias ha sido bastante fuerte y larga, y ya por aquí los pobres locales no saben qué hacer con tanta agua, especialmente en Andalucía. También dice el señor del pronóstico que mañana debe de estar despejado y soleado desde Alicante hasta Almería, pero ya de ahí hacia Málaga se pronostica más lluvia. En fin, sobre eso no tengo ningún control, y si me mojo, pues no me enojo porque no encojo.
Y tampoco se tiene control sobre muchísimas otras cosas cuando se viaja, “que sale tarde el vuelo”, “que llega tarde el vuelo”, o – como hoy- que la puta máquina de billetes de tren no funciona, etcétera, etcétera… Por eso bien dijo Clausewitz que “ningún plan sobrevive el contacto” y eso me sucedió hoy de manera muy ridícula pero que me provocó un encabronamiento sublime, aunque ya habiendo pasado unas horas y con tan solo una botella miniatura de Rioja en el cerebro ya hasta risa me dá.

Bien, ahora vamos al principio. A pesar de mis buenas intenciones de que esta crónica fuera la primera que no escribo meses después – y que de hecho comencé en el excelente tren AVE de Madrid a Alacant – mis deseos quedaron en ser solo eso, y aquí estoy, escribiendo esto muchos meses después.
Como ya es usual y por más que trato de evitarlo siempre acabo a las prisas y hoy no fue la excepción, empezando por el hecho de que nada más dispongo de tres días en total, y de esos uso uno para volar de Dubai a Madrid y de ahí a donde esté la Motorka, que esta vez es Alicante, en la Comunidad Valenciana.

Todo comenzó de maravilla, el taxi pasó por mi a casa en Dubai casi de inmediato después de llamarlo (raro), conseguí asiento en 1a clase y aunque el vuelo salió tarde (como es costumbre) tuve un vuelo excelente con una buena tripulación y lo más increíble es que logré dormir cinco horas!

Así empezamos la jornada

Así empezamos la jornada¿No querrá ir a un viaje en moto?¿No querrá ir a un viaje en moto?

El humilde autobús que a veces nos lleva al avión

El “humilde” autobús que a veces nos lleva al avión

Hoy nos toca ir en Boeing. Nadie es perfecto.

Hoy nos toca ir en Boeing. Nadie es perfecto.

Ahora nos ponemos cómodos...

Ahora nos ponemos cómodos…

Un desayunito ligero y algo de información

Un desayunito ligero y algo de información

Ya casi llegamos

Ya casi llegamos

Y el tiempo más vale que mejore...

Bienvenidos a Madrid. Más vale que mejore el tiempo.

Los problemitas comenzaron al llegar con tanto retraso a Madrid pues me quedó muy poquito tiempo para tomar el tren de cercanías del aeropuerto a la estación de Atocha, así que al bajarme del avión decidí intentarlo y corrí como si me hubiera robado algo. El aeropuerto de Madrid es ENORME y toma como mínimo 25 minutos para salir de ahí, y eso sin equipaje que reclamar. Pasé por el control de pasaportes rapidísimo y seguí caminando al mismo paso que traigo cuando me da diarrea hasta que llegué a la terminal de tren del aeropuerto y a sus odiadas máquinas expendedoras de boletos (“billetes” en España) y ahí empezó el pedo.

La cronología va mas o menos así:
(Salida de tren menos 7 minutos) Para empezar, hay tres o cuatro tipos distintos de máquinas: Que las de “Cercanías”, que las de “Sólo tarjeta”, que las de “Otros tipos”, que las que no dan cambio, QUE LA PUTA MADRE! Bien, no hay problema y lo intentamos. “Escoja su Destino”: Ya. “Escoja su clase de viaje”: Ya. “Escoja su forma de pago”: Ya. Tarjeta? Sí. “Métala y Teclee su PIN”… PIN? EL PIN NO ME LO SÉ PUES LA PUTA TARJETA ES NUEVAAA!! (Salida de tren menos 5 minutos) “Operación Cancelada por Error en el Pago”…
Lo lógico fué correr a la oficinita de “Atención al Cliente” y lo hice ya en estado de pánico, y pero por supuesto que lo primero que me dijeron es que tenía que esperar pues estaban cambiando el turno (Salida de tren menos 4 minutos).
Corro de regreso a las máquinas, esta vez a la de “Cercanías”, compro el billetito por €2,50 y salgo disparado al tren, sólo para ver las puertas cerrarse a escasos dos metros de poder entrar. Ese fue el momento donde empecé a pegar de gritos y a mentar madres, pues el esfuerzo había sido mucho y si no llegué fue por la confusión con las putas máquinas. Suerte que no había nadie en el andén pues hubieran pensado que era yo un loco enajenado a punto de asesinar a alguien, y estoy seguro que los tíos que miran las cámaras de seguridad se siguen riendo al recordar el video del calvo ese pegando de brincos y gritando juramentos a los cuatro vientos porque lo dejó el tren… Las ridiculeces que hace uno a veces son increíbles.

Se preguntarán que porqué la prisa, pues sucede que como Iberia está en huelga (para variar) no me quedó otro remedio mas que ir por tren, lo cual no es ningún sacricifio pues el AVE es rápido, comodísimo y cuesta menos que el avión. El problema es que el tren del aeropuerto sale sólo cada media hora y eso dificulta la conexión a la estación de Atocha en Madrid. Así que con mucho dolor tuve que salir,  tomar un taxi y perderle el amor a 34.00 lereles (euros) que fue lo que costó el “detallito”, mas los 2,50 del puto tren. Llegamos raudos y veloces a la estación de tren de Atocha, y justo cuando ya me había recuperado del coraje que hice en el aeropuerto lo primero que veo son las cochinas máquinas puñeteras – perdón – billeteras otra vez. Bueno, ahora sin prisas, vamos a hacerlo con calma y a usar la tarjeta de DÉBITO para evitar mortificaciones. Repetimos el proceso anterior… Forma de pago…Tarjeta… El PIN que sí me sé… y … “Operación Declinada”. Tenga un buen día”. ME CAGOOOOOO!!!

La hermosa estación de Atocha

La hermosa estación de Atocha

La cola para comprar el boleto

La cola para comprar el boleto

Más cola. Al cabo no hay prisa...

Más cola. Al cabo no hay prisa…

POR FIN! Y apenas a tiempo.

POR FIN! Y apenas a tiempo.

Ooooootra vez vamos a buscar la oficina de ventas. La veo. Llego. Miro adentro y me cago de nuevo pero esta vez es doble. Lo que parecen ser miles de gentes están haciendo colas interminables y tengo exactamente 24 minutos para que salga el tren, lo curioso es que a diferencia de mis vuelos estos cabrones trenes nunca salen tarde, por lo menos no cuando lo necesitas. Voy pues a la cola pero ya siento como se me empiezan a poner las orejas rojas de la emoción al pensar “Aaaah, pero qué listos son éstos de Renfe, pues hay varias ventanillas abiertas” pero me duró poquito el gusto pues otra vez caigo víctima del odiado “cambio de turno” y las empiezan a cerraaaaaar…NOOOO!!!! (Salida del tren menos 20 minutos).

Otra vez siento como se me sube la bilirrubina. Otra ventanilla cerrada. (Salida del tren menos 15 minutos). Por fin llega una chica a reabrir una de las ventanillas victimadas, y a pesar de que no es fea trae una puta cara tan larga que parece que se la va a pisar en cualquier momento, claro indicio de lo amable que será conmigo… bonita combinación, vamos a ver en qué resulta esto.
Pues ná, que me vende el “billete” rápido (tuve la sabia decisión de no intentar usar ninguna de mis tarjetitas) y ahí voy corriendo al tren y por fin se acaba el drama. Mi asiento está en el primer coche y me recibe una chica muy guapa con sonrisa de oreja a oreja. Por supuesto que me tocó asiento de los que miran “pa’ trás” y eso sin duda me va a dar náuseas, así que me cambio de inmediato pues a pesar de que el tren va lleno (gracias a Iberia) hay unos asientos disponibles, y como decidí que ya había sufrido bastante me compré el billete en clase “Preferente” asi que hasta de comer y beber me van a dar. Sale felizmente el tren a tiempo y sin circos, a ver que día viene aquí alguien de Emirates a ver si les aprenden a éstos del AVE lo que significa salir a tiempo.

Por fin en camino...Otra vez!

Por fin en camino…Otra vez!

La comida del AVE, tan buena y sana como el avión

La comida del AVE, tan buena y sana como el avión

Bien, pues aquí regresamos al inicio del relato. Hemos pasado ya la ciudad de Albacete y no ha parado de llover desde que salimos de Madrid. Ya estamos a poco más de media hora de llegar a Alicante y sigue muy nublado pero con muy poca lluvia, el tren acaba de parar en un lugar que se llama “Villena”, y aunque me imagino que el pueblo ha de estar bonito la parte que está junto a la estación es bastante fea y descuidada…dando la impresión de que la guerra civil terminó ayer.

Uno de los hermosos pueblos en el camino

Uno de los hermosos pueblos en el camino

La chiquita ésta del tren – me imagino que se les llama también azafatas- (que por cierto tiene un culo divino) me ha traído un segundo café pues me estoy durmiendo, y como ya estamos a pocos minutos de “Alacant” (“Alicante” en Valenciá) me imagino que voy a tomar un taxi a con Antonio en Motorrent, y me muero de curiosidad por ver qué sorpresas me esperan, con eso de que iban a instalar la caja de fusibles, el voltímetro y esas luces de LED que tan caras me costaron especialmente después que estos perros de la aduana me han bajado casi €200 por “impuestos de importación” los muy recabrones! (me imagino que con la crisis que se traen hoy por hoy aquí en España tendrán que mamar dinero de donde puedan). Después del circo maroma y teatro que pasé para subirme al dichoso tren ya no estoy de humor para más chistecitos. Como dijo el Veracruzano …“Amoavé” como me trata Alicante (perdón: “Alacant”).

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Tomo un taxi afuera de la estación y me toca un señor muy amable, Alicante es un lugar bastante grande y con mucha vida. Pasamos a un lado del castillo y se llega a ver algo del centro y del puerto. No lo calificaría yo como bello.

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Grata sorpresa es que ya he llegado a Motorent y me han tratado de maravilla, los mecánicos (no recuerdo sus nombres) son mucho muy amables y me han dejado bajar al taller a ver el progreso del trabajo. Ya casi han terminado de esconder los cables y de reinstalar el carenado. La moto se ve muy chula aunque debo de confesar que las luces estas LED que acabo de instalar se ven bastante feas, pero si eso significa que ya podré ver de noche y que me verán mejor los coches durante el día, pues sean bienvenidas. Ya entrado en el tema de las luces, le he cambiado también los focos (“bombillas”) de las luces normales pues las originales no sirven para nada. Además, ya aprovechando que la moto está aquí en un buen taller, le he mandado poner las protecciones para el motor de Wunderlich, una caja de fusibles, y un instrumento múltiple que la hace de voltímetro, termómetro y reloj de Louis Motorrad. Ya va poco a poco quedando la moto como la quiero jejeje…

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Se acabó el miedo a la noche

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La nueva caja de fusibles, hecha en Japón por “Eastern Beaver”

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Nuevas defensas Wunderlich, para la caída inminente

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Controles de las luces LEDs y el nuevo voltímetro/termómetro

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Aprovecho las manos expertas que trabajan en la moto para pedirles que le pongan las pegatinas de camionero que traigo de Dubai, de esas amarillas reflectantes que derriten pupilas de lo feas que están pero que sin duda aumentan la seguridad. Ya se que parece que estoy obsesionado con que me vean los otros vehículos, pero es que sencillamente no quiero acabar convertido en puré abajo de un puto camión, muy irónico sería eso después de andar desafiando la gravedad por casi treinta años.

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Ya por fin está lista la moto y después de pagar y finiquitar todo me dispongo a irme en la moto al motel que he reservado a unos minutos de aquí, sobre la misma carretera que el taller. Esto no es accidente sino el resultado de un buen plan pues como ya vengo muy cansado lo último que necesito es perderme en el centro de la ciudad aguantando el tráfico.

Llego sin problemas al “Hotel Abril” y me recibe un joven que – aunque amable – no oculta el hecho de que aborrece su trabajo. La habitación está a un lado de la recepción y la moto queda estacionada directamente afuera de mi puerta exactamente como me gusta. El motel es bastante básico pero el WiFi es gratis y rápido y hay un bar-cafetería a escasos metros de aquí, del otro lado de la estación de servicio. Además, como es más bien un Motel, la moto está aparcada justo afuera de mi habitación, y eso no tiene precio.

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Después de instalarme y bajar las porquerías de la moto me voy de inmediato al bar por un refrigerio y la bien merecida cerveza helada, aún es temprano pero me estoy cayendo del cansancio. Llevo ya dieciseis horas sin parar desde que salí de Dubai y ya estoy rendido.
La chica de la cafetería es muy amable y hay con ella una señora ya mayor de visita, que resulta ser su tía. Muy agradable, a los pocos minutos se acerca y me pregunta si soy motero (por las botas y el pantalón quizás sea obvio) y me dice que su jefe es motero desde hace muchos años, un señor mayor que a sus 70 añitos conduce una K1200. Ella se dedica a la limpieza doméstica y lleva muchos años llevándole la casa a la misma persona. Es una dama encantadora y es un placer conversar con ella.

El lujoso Hotel Abril en Sant Joan d’Alacant

Por fin me acuesto a dormir y sin duda lo haré como los que no deben nada, estoy mucho muy cansado y mañana será un día muy largo. He estado tan ocupado que ni oportunidad he tenido de deprimirme pensando en la familia. Los viajes pasados me he puesto un poco triste al principio del viaje, pero después de un par de horas, otros tantos vinos y con la hormiguita de la moto se me quita la nostalgia.

Día 1: Alicante – Almería (357 kms)

Amanezco muy temprano por la diferencia de horario, que ahora es de tres horas. Es bastante irritante pues no hay ningún lugar abierto donde tomarme un café (nunca se me ocurrió ir a la maquina vendedora de la gasolinera) y como es invierno tarda bastante en salir el sol. Como siempre, me tardo años en empacar y preparar mis cosas. No sé cuanto me vaya a tardar pero algún día tendré que aprender a cargar menos porquerías, que aunque no son voluminosas son muchas y es frustrante tener que encontrar espacio para todo, la próxima vez que empaque tengo que acordarme que voy a Europa y no a Bangladesh, o a cruzar el puto desierto de Gobi, y no necesito traer tantas mugres.

Por fin dejo el hotel y no hay ningún problema en salir de la ciudad, la cruzo de este a oeste y veo a lo lejos el castillo que domina a la ciudad, me hubiera encantado ir anoche a tomarme unas “frías” al centro pero simplemente ya no tuve la energía. El esfuerzo hubiera sido demasiado y necesitaba dormir. Después de mis primeras desventuras con el GPS, ahora sirve de maravilla y sin problemas me pone en ruta.

PEEERO – digo – es temprano y no tengo taaanta prisa, así que ¿porqué no me doy una vuelta por estos lares y hago algo de turisteo? Pues bien, ya trazo una rutita que parece pintoresca y me dirijo hacia Elx (Elche), ciudad que después de leer algo en mi guía turística de “Lonely Planet” se ve prometedora. Como ya había tomado rumbo hacia Santa Pola para ir junto al mar, ya estoy algo comprometido hacia el oeste y cambio rumbo al norte, hacia Orihuela, que también se ve interesante, por lo menos en la guía. En el camino por la N-332 paso la “laguna” a mi derecha y luego por la CV-9 innumerables huertas de naranjos. Este no es el camino más pintoresco, y a pesar de que en el mapa se veía prometedor, es bastante aburrido y lento.
Llego a las puertas de Orihuela y el tráfico está tan caótico que ni siquiera entro al pueblo, y como desde mi experiencia en Valencia ya le he cogido FOBIA a los centros de las ciudades y sus malditas rotondas, decido de inmediato irme de aquí y dejar para otras generaciones la exploración de Orihuela y todas sus virtudes. Ya mi poca experiencia me ha enseñado que “cuando cunde el pánico… ¡a la autovía se ha dicho!” así que me voy raudo y veloz hacia la A-7 que ya me ha librado de males con anterioridad, y tomo camino a Murcia.

De acuerdo a lo que leí en la guía turística y en Wikipedia, toda esta área fue crucial cuando estaba bajo el dominio de los árabes, quienes introdujeron técnicas más eficientes de regado y cultivo, aparte de imponer leyes sabias y tolerantes. Aún quedan los palmares que trajeron ellos, pero tengo que confesar que después de vivir entre árabes por los últimos 18 años me pregunto qué le pasó a tanta sabiduría y civilización, pues yo no he visto muchas trazas de ellas en ningún aspecto. A estas alturas estoy 100% seguro que las pirámides de Egipto fueron construidas por extraterrestres.

Llego a los pocos minutos a Murcia y contra toda mi voluntad me dirijo al centro pues la guía me jura que la plaza central y la catedral son muy bonitas y dignas de una visita, así que después de las típicas vueltas y perdidas por fin llego a la famosa placita central. Lo primero que me encuentro son las eternas restricciones de no poder aparcar la moto en ningún lado, y la perenne amenaza de los policías locales yendo a arrearme fuera de allí. Ninguno viene, pero el personal de dos de los cafés que allí operan me advierten que es cosa de minutos para que lleguen a hostigarme así que me voy a los pocos minutos sin haberme siquiera tomado un café.
Todavía me duele el culo del multón que me pusieron en Valencia cuando fui en coche con la familia y donde por poco se lleva la moto la grúa cuando me pasó el maldito drama ese con la pila de la alarma (que en Alicante se ha ido a la mierda). Me da curiosidad que de las personas trabajando en los cafés de la plaza no hay un solo español, sino todos extranjeros… ¿Qué no había un 20% de desempleo?

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A pesar de que la plaza es bonita y tanto la catedral como el palacio episcopal son monumentales, no hay nada que me incite a quedarme en Murcia. El tráfico es molesto, la vialidad en las callecitas del centro es una pesadilla y lo mejor es irme de aquí.
Murcia es lo opuesto al matrimonio moderno (difícil de entrar pero fácil de salir y olvidar), el acceso a la autovía A-30 es inmediato, en muy buen estado y sin tráfico. Vamos a probar suerte en Cartagena.

Llego a Cartagena después de un trayecto relajante en buen pavimento y por fin veo árboles… algo verde! Asi que después de preguntarle a un policía municipal muy amable llego bien al paseo marítimo y decido pararme a comer un bocadillo en un pequeño local junto a la muralla, enfrente al club náutico. La historia de esta ciudad es fenomenal, remontándose hasta los días de Aníbal Barca (de ahí el nombre de “Cartagena”), pero hace bastante calor, estoy sediento, hambriento, y no hay ni un alma a mi alrededor.

Cartagena: El centro de la inactividad mundial.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERA Cartagena: El centro de la inactividad mundial.

De nuevo, no hay nada que me incite a quedarme aquí. Esta es una sensación muy rara pues a pesar de que la poca gente con la que me he cruzado es amable, las dos ciudades están bastante ocupadas con la vida del diario como para ofrecerle algo nuevo a un visitante inesperado, y no les encuentro mucho sabor.

He mandado un par de mensajes a foreros que sé que viven por aquí y en Murcia pero como lo hice muy tarde, ninguno ha contestado así que me quedaré sin conocer a nadie que viva aquí  y me pueda mostrar alguno de los atractivos locales, que estoy seguro que los hay. Así sin más rodeos, decido irme de aquí.
Es curioso pero son ciudades que, a la primera impresión tienen cierto atractivo pero son bastante insípidas y no me dan ningún incentivo a explorarlas. Hay mujeres que son igual.

Para librarme de problemas y devorar kilómetros no hay mejor solución que mi vieja amiga la autovía AP-7, y a pesar de que la vasta mayoría de los moteros odia (o dice odiar) las autovías, a mí me gustan porque me relajan. La moto realmente parece estar en su elemento y los dos disfrutamos del beneficio refrigerante del viento, el silencio (pantalla, casco y tapones en los oídos) y la ausencia casi total de tráfico. La crisis ha de estar peor de lo que me supongo pues por kilómetros y kilómetros no he visto un solo coche, imagino que se debe al precio de las cuotas.
En eso voy disfrutando cuando después de una hora o algo así comienza el maldito viento, es el peor que he encontrado hasta ahora, más que cuando pasé por el Delta del Ebro. No está muy arrachado pero sí que está fuerte y en cierto momento tengo que bajar la velocidad a unos 60 kms/hr y llevar la moto algo revolucionada, mientras me hago chiquito pegado al tanque de gasolina. Esto es bastaaaante cagante y se prolonga por lo que parecen ser horas y horas, voy muy tenso y ya los brazos, manos y espalda me duelen de tanto esfuerzo. Procuro relajarme y dejar que la moto haga lo suyo en vez de tratar de intervenir pero la inexperiencia tiene su precio y termino más cansado de lo que debiera. Ya en su momento, se aparece una estación de servicio y me paro a descansar y beber algo. Estoy deshidratado, exhausto y tenso.
Reanudo el camino después de unos minutos y sigue el viento, pero ya un poco re-energizado y con más calma decido que el famoso viento me la pela, así que por fin comienzo a dejar de sobrecontrolar a la pobre moto y dejo también de apretar el manubrio (“Manillar”) como si le estuviera apretando el pescuezo a un ganso (o a mi suegra) y la jornada se estabiliza.

Parada de descanso obligatoria gracias al viento. Intento disimular la tensión.

Parada de descanso obligatoria gracias al viento. Intento disimular la tensión.

Tengo que decir que desde que salí de Alicante el paraje no ha sido nada hermoso, a excepción del azul perfecto del mar, la tierra y los cerros son más secos que el humor británico, y los kilómetros de viveros comerciales y sus horribles cubiertas blancas de plástico no hacen mucho para mejorar el panorama. Este será el común denominador de la costa hasta ya muy cerca de Málaga. Por fin llego a Andalucía y de inmediato me sale la sonrisa.

Bienvenido a Andalucía...

Bienvenido a Andalucía…

Poco antes de llegar a Almería veo la salida hacia el área de Cabo de Gatas, que aparentemente es una reserva natural y la última zona costera que queda por aquí (y que no ha sido arrasada por las olas de construcción de los últimos años) y que supuestamente aún tiene algo de playa virgen, pero ya estoy cansado y no quiero detenerme más pues las paradas del día de hoy no han sido muy fructíferas. Estoy seguro que hay lugares y sitios hermosos qué visitar pero normalmente se requiere “conocimiento local”, y de eso hoy no hay.

Ya POR FIN llego a Almería. La entrada a la ciudad no es mucho más excitante que ningún otro lugar desde que salí de Barcelona, y ya tengo que aceptar que la costa sureste de España no ha tenido mucho atractivo para mí. Llego al centro y estoy perdido pues el GPS no reconoce el nombre del hotel (luego me entero que cambió de nombre recientemente) y como las señales hacia el hotel son una mierda, termino dando vueltas y pasando por los mismos lugares como idiota hasta que le pregunto a una chiquita en un Mercedes (que está MIRREEEINA!) que por fin me indica que la siga hacia el hotel (¿será mi día de suerte??).

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Tengo que reprimir las ganas de invitarle una copita en el hotel pues el rechazo femenino es algo que no está en mis planes de viaje por el momento, y si llegase ella a aceptar sería lo peor pues no sabría yo ni qué putas madres hacer.
Parte de la razón por la cual las motos son refugio de caballeros, es que es mejor escuchar al motor y no las bobadas de una chiquita que ni conoces. Son naturalmente incompatibles, y lo pienso dejar así.

Me registro en el hotel AC Almería sin ninguna novedad, y al llegar a la habitación me comunico con Sergio, un forero de por aquí que he contactado y con quien es probable que me pueda encontrar para cenar. Quedamos en vernos a eso de las ocho, pero apenas son las seis y ya me estoy muriendo de hambre y de sueño gracias a la diferencia de horario. Decido salir a caminar para distraerme y energizarme un poco. Aprovecho el tiempo para bajar la moto al parking subterráneo, donde la aparco junto a una K1300 nuevecita que aparentemente es del gerente del hotel. La ciudad es bastante acogedora y el centro es bonito, hay mucha diferencia con mi impresión de Murcia y Cartagena, la gente es igual de amable pero la ciudad es más agradable y acogedora para mí, no sé porqué.

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Me dirijo hacia la “alcazaba” (fortaleza, palabra de origen árabe) pero ya cerca de ahí me doy cuenta que estoy totalmente solo y hay un par de tipos cerca que no me inspiran ninguna confianza. Como viajero profesional decido abortar la misión y regresar hacia lo poblado. No es miedo, es precaución. Desde hace muchos años que me pegaron una corrediza unos vagos para robarme los zapatos, las visitas a los castillos perdieron su prioridad, y las fotos a la Alcazába de Almería tendrán que ser en mi próxima vida. Paso por un par de bares que se ven muy buenos pero es aún muy temprano y están todavía cerrados. Me estoy muriendo de la puta hambre, y de la sed ya ni hablamos. He resistido con mucha entereza las ganas de tomarme cincuenta cervezas pues bien sé que en el instante que pruebe la primera existe el riesgo de caer de bruces sobre la mesa por el cansancio que traigo, así que me quedo con el antojo.
A punto del colapso regreso al hotel y a la hora acordada me encuentro a Sergio y a su encantadora esposa, Begoña. Son una pareja muy guapa y agradable, viven en Roqueta de Mar a unos kilómetros de Almería.
Para mi grata sorpresa, me llevan a los mismos dos bares que ví durante mi caminata, uno de mariscos y otro de tapas que están simplemente sensacionales, y no exagero si digo que han sido lo mejor que he probado durante este viaje. Se llaman respectivamente, “Entremares” y “Casa Puga”. De lo mejor que he probado en España.

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Después de una velada muy agradable nos retiramos relativamente temprano, con la suerte de que alcanzamos a ver una de las primeras procesiones de Semana Santa. Yo ya hasta veo doble del puto cansancio pues estoy totalmente agotado. Mañana me levantaré temprano para salir no más tarde de las siete de la mañana, lo cual – para estándares españoles- es realmente de madrugada.

Dia 2: Almería- Málaga (214 kms)

Como de costumbre, estoy despierto desde las 4am y como ya he dejado todo listo desde anoche, me estoy muriendo de la aburrición. No hay nada abierto en el hotel y aún está muy oscuro afuera así que no me queda de otra mas que esperar.
Por fin salgo y me encantan la mañana y las expectativas del día, espero poder llegar a Málaga alrededor de las 2pm y así tener amplio tiempo para tomar el AVE a Madrid y de ahí el avión de regreso a Dubai. Salir de la ciudad no es ningún problema y en poco voy ya montado en la A-7. Siguiendo indicaciones de Sergio, después de unos 50kms tomo la salida hacia Adra para seguir por la costa cuando en ese instante comienza a llover. Es mi primera experiencia en lluvia y en superficies mojadas, y es exactamente lo que me temía que fuera a suceder. Me siento muy inseguro, pero es algo con lo que tarde o temprano tengo que aprender a dominar (la lluvia, no los nervios).
Arrecia la lluvia y me paro en una gasolinera que está justo al lado. De acuerdo a lo que he leído, es mejor pararse y esperar una media hora a que la lluvia limpie la superficie de arena, basura y aceite. No me cuesta ningún trabajo acomodarme en el bar y esperar al calor de un cortado.

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Esperando que amaine el temporal

No quiero ni pensar en lo que me queda de camino, solo hay que seguir. Cesa la lluvia por completo y emprendo el viaje. Tengo ya preparado en la maleta el ajuar impermeable, por si las moscas.
La carretera es bastante bonita y casi no hay tráfico, excepto alguno que otro auto local y algunos Caravans (campers, motor homes, como sea) generalmente alemanes. Quisiera tomar alguna que otra foto pero la carretera es algo estrecha y no hay donde parar con seguridad. Estoy disfrutando bastante mi mañana, la moto se porta de maravilla y a pesar de mi ignorancia me perdona todas mis insolencias.
Llego a un lugar que se llama “El Pozuelo” y pierdo el camino por unos minutos pues las señales son muy confusas, y el GPS parece que se fumó algo pues no tiene ningún sentido. Al poco regreso a la N-340, que sigue y sigue atravesando lo que parecen ser mares de estos horrendos viveros comerciales, de verdad que lastiman las pupilas en lo que ya de por sí no es un paraje encantador. La arquitectura en general no es nada agradable tampoco pues consta de edificios que parecen ser apartamentos para vacacionar. Hay muchísimas obras de construcción sin terminar por todos lados, no me quiero ni imaginar la cantidad de abusos y raterías que se cometieron con esa “burbuja económica” que fue la construcción antes del 2008.
En esto andan mis pensamientos cuando de nuevo se desata el temporal, pero esta vez sí que es en serio. Acabo de entrar a una ciudad pequeña (no recuerdo ya cual fue) y me detengo de inmediato a ponerme el impermeable, estoy frente a la ventana de un restaurante y hay muchos pares de ojos viendo incrédulos a este loco que insiste andar en moto con el tiempo tan malo. La temperatura ha bajado a unos doce grados los cuales con disminuirán al ir en la moto, pero traigo buen equipo y mientras no me caiga todo está bien.
Esto significa que la autovía es de nuevo mi mejor opción así que ahí voy de regreso hacia la A-7. Hago unas frenadas un poco fuertes para calentar los discos y sentir la respuesta de la moto, que es excelente y me da seguridad. El casco se empaña un poco pero se soluciona de inmediato al abrir las ventilas del mismo, también abro un poco la visera y se acaba el problema. Ya en la autovía le meto un poco al acelerador, y la moto sigue muy estable asi que me quedo a una velocidad promedio de 120kms, lo cual no es nada malo.
Después de Motril, empiezan las curvas en una sección que ya no es de alta velocidad (curioso que conserva el nombre de la autovía pero no es autovía) y el tráfico aumenta un poco, sigue lloviendo muy fuerte. Mi velocidad promedio ahora es de unos 60-70 kms/hr. En las curvas, trato de mantener la inclinación de la moto al mínimo y hago énfasis en el balance del cuerpo, al igual que usar un poco más el freno trasero y evitar las reducciones de marcha bruscas. Todo esto basado en las técnicas que he leído pero sin nada de experiencia, y creo que es el equvalente a aprender a volar por correspondencia. A pesar de todo, hasta ahora vamos bien.
Al cabo de una hora o algo así de nuevo es carretera de alta velocidad, y no tengo ningún inconveniente en regresar a mi velocidad de 120kms/hr con la que tan cómodo iba. Cerca de Nerja, veo otra moto que no puedo identificar pero parece ser una Varadero o algo así, y le doy una mirada despectiva al tío que va conduciendo como abuelito a unos 70kms/hr, con la seguridad del experto que soy. Poco me dura el orgullo, pues poco después al entrar a una curva a la izquierda, abierta y ascendente, hay un pequeño riachuelo hecho por el agua que escurre de la parte alta del camino, y por una fracción de segundo mi rueda delantera acuaplanea, aunque por la inercia del a moto no pasa de ahí, es suficiente para que los huevos se me reduzcan al tamaño y forma de pasas, las cuales de inmediato se me alojan en la garganta. Aún estoy digiriendo el susto cuando me vuelve a pasar, y ya recobrado el aliento bajo la velocidad de inmediato’ tratando de decidir si lo que se me cayó metros atrás fueron los huevos o el corazón.
Pocos kilómetros después, me pasa el “abuelito” de la otra moto, sin duda extrañado por mi cambio de actitud. Si supiera lo que me pasó y pudiera ver mi cara de hace unos minutos, sin duda se mearía de la risa.

¡Sobreviví!

¡Sobreviví!

Finalmente y casi a itinerario llego a Málaga, que es una área urbana bastante grande pero la autovía en la que vengo la cruza de lado a lado, y el GPS ha funcionado de maravilla y me lleva directo a mi destino sin ningún problema. Llego al área del aeropuerto donde está la oficina de Hispania Tours, donde Johannes, Volker (mi anfitrión en Barcelona) y la hermosa Eva me reciben de maravilla. Son muy profesionales y me voy sin duda de que la moto y mi equipo se quedan en buenas manos.

La residencia de la "Motorka" en Málaga

La residencia de la “Motorka” en Málaga

La bella Eva me hace el favor de llamar un taxi y me lleva a la estación Maria Zambrano, y al cabo de poco voy ya en el maravilloso AVE de regreso hacia Madrid. Otra vez, vengo ya muy cansado.

¿Arquitectura moderna?

¿Arquitectura moderna?

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Dentro del AVE a Madrid

Dentro del AVE a Madrid

Ya en el aeropuerto me cambio y me documento para mi vuelo que sale a las 2130, salimos casi a tiempo y después del despegue ya ni quiero cenar. Hago mi cama (sí, cama) y en menos de un minuto estoy ya roncando. Me despierto seis horas después poco antes de iniciar el descenso a Dubai, con apenas tiempo para tomar un café y un desayunito ligero.

Como siempre, exhausto al final del viaje.

Como siempre, exhausto al final del viaje.

Un desayuno modesto

Un desayuno modesto

El trayecto de regreso

El trayecto de regreso

De regreso al desierto.

De regreso al desierto.

Así termina otra etapa con muchas lecciones aprendidas y la satisfacción de haber sobrevivido mi primer viaje con mucha lluvia, se desvanece así el mito de que si llueve no puedo salir. Mi moto es capaz de eso y mucho más, ahora el reto es aprender a aprovechar toda su capacidad.

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