Heidelberg

Heidelberg, Baden-Württenberg

Heidelberg

Después de castigar a mi hermoso cuerpo con toda clase de manjares en Chequia, emprendí mi regreso hacia Dubai con escala motera. Tomé el tren rápido “Pendolino”  a Praga, de ahí volé a Frankfurt  con Lufthansa para tomar de ahí el tren a Heidelberg y encontrarme con mi querida RT. No hubo ningún problema para llegar pues la señalización es excelente y los trenes alemanes  generalmente andan a tiempo como relojito, tuve  que hacer cambio de tren en Mannheim pero fue fácil y sin problemas (esos vinieron después).

Aviones...

Aviones…

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Paciencia…

trenes...

trenes…

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…y autobús!

Intacta y esperándome

Intacta y esperándome

Poco después de mí llegaron un par de motociclistas, un Canadiense en una 1200GS ADV y un Australiano en una F800GS, el canadiense era un señor un poco serio en sus sesentas que nos comentó el haber llegado a los 125,000kms en su moto ese día mientras que el Australiano – todo un personaje llamado Sheldon – venía llegando de un viaje corto en los Alpes Austríacos e iba en su segundo año de “viaje por el mundo”, después de haber cruzado Africa y media europa. Su aventura está en www.rideforsmiles.com y es bastante divertida. Luego llegó proveniente de Francia otro canadiense llamado John, un tipo encantador en una R100 RT viejita y con algunos achaques, él solamente lleva 40 años moteando. Debo de admitir que me sentí un motero bastante pequeño junto a estos tipos, pero se portaron de maravilla conmigo y aceptaron mis cervezas sin ningún problema.

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Sheldon

John Barger

John Barger

Como ya era tarde me fuí a acostar temprano pero con la emoción y la impaciencia no conseguí dormir mucho, como si fuera la víspera de un nuevo romance (o de un nuevo divorcio).

Tropiezos

Después de un buen desayuno me preparé para un buen comienzo, me puse mi atuendo de motero aún sin usar que ya había decorado mi armario por varios meses y preparé cámaras, bocadillo, botella de agua, mapa, ida al baño, etc. removí las mochilas de la moto y sólo dejé la bolsa sobre el depósito.

Listo para salir, no mochilas hoy.

Listo para salir, no mochilas hoy.

Aaaarrrancan!

Aaaarrrancan!

Mi glorioso debut se paró en seco a los escasos cinco metros cuando de repente y sin causa el motor comenzó a toser y se murió. Así nomás. COÑOOOOO!! Sheldon y John corrieron a mí para ayudarme a mover la moto del medio de la calle antes de que algún camión me convirtiera en puré, y ya pude dominar el pánico cuando Sheldon me dijo que no había problemas, sino que el motor simplemente estaba aún frío y que dejara el ahogador puesto un poco más. Ya con eso solucionado y con el golpecillo al amor propio emprendí el largo viaje de cuatro cuadras a la gasolinera mas cercana (no tenía nada de combustible por el traslado) donde llegué con el mismo agradecimiento que un náufrago a tierra firme pues empujar la moto esas cuatro cuadras con todo el ajuar motero se hubiera visto como un episodio del programa ese de la cámara escondida. Luego, el ponerle aire a los neumáticos fue casi como resolver un problema de física cuántica pues en mi rancho no existen los tanquecitos portátiles para repostar aire que tienen ahí, pero de pura casualidad estaba ahí otro motero local en una 1200RT nuevecita llamado Rolf, quien muy amable se ofreció a llevarme en una rutilla de dos horas a lo largo del río Neckar a lo cual acepté gustoso después de declarar ser nuevo en el area y en la moto.

Fue excelente el poder concentrarme solamente en el manejo de la moto sin acabar de narices en el río y no tener que preocuparme por la navegación. Me tomó algo de tiempo relajarme y dejar de apretar el manillar como si estuviera estrangulando a un puerco, me recordó la primera vez que volé solo, cuando uno está más tenso que un sentenciado a muerte antes que lo decapiten y esa misma tensión se transmite a los controles de la moto, y la rigidez corporal acaba por cansarte de más. Todo marchó de maravilla, el clima estuvo perfecto y aunque había algo de tráfico dominguero no hubo ningún problema, de regreso tomamos un camino secundario con muchas curvas muy cerradas y no curioso es que no solamente no me estresé sino todo lo contrario, el conducir la moto no me dió ningún problema o susto, eso elevó mucho mi confianza tanto en la moto como en mí mismo.

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Esa misma tarde hice otra salida en solitario, esta vez al sur. Tomé la ruta 3 hacia Bruchsal y luego una salida cualquiera a un pueblo llamado Walldorf al ver un planeador que se disponía a aterrizar allí así que decidí seguirlo y disfrutar unos momentos mezclando motos y aviones, así que aparqué la moto y me dirigí a saludar a los pilotos del planeador. Tras una corta conversación emprendí el regreso al B&B de Stefan y me recompensé a mí mismo con una bien merecida cerveza en companía de Sheldon, recién llegado de visitar a un amigo en el hospital tras una caída en el circuito de Hockenheim. Tardé mucho en poderme dormir pues la pasé increíble en mi PRIMER salida en mi moto, terminé el día muy orgulloso de haber podido realizar mi sueño, orgulloso de mi moto, y de mí mismo por haberlo conseguido.

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Esos espejitos en las esquinas son una bendición

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Tomando un reposo junto al aeródromo

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Una hostería muy buena a dos cuadras de Stefan

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¿Quien necesita GPS?

¿Quien necesita GPS?

Sheldon y las emociones fuertes

Sheldon y yo habíamos quedado de acuerdo en una salida por la mañana, así que después del desayuno salimos con mucho ánimo. Esta fue mi introducción al “Principio de Navegación de Sheldon”, que simplemente dice “vámonos”, a donde sea pero “vámonos”. Esto sonó sumamente barbárico para mí pues estoy acostumbrado a siempre tener un plan, así que le dije que tenía una buena idea a dónde ir y acabé de líder en la misión, aunque después del primer kilómetro tomé la vuelta equivocada y acabamos yendo directo de regreso a donde veníamos. Bonito líder. Antes de que la situación se tornara vergonzosa me recuperé y nos dirigimos de regreso al río donde había estado el día anterior, y como ya conocía el caminito quedé como todo un experto en la materia. al cabo de unos kilómetros. Al cabo de unos cuantos kilómetros nos topamos con un lugar muy interesante al otro lado del río, un monasterio o algo por el estilo en la cima de una colina, y al parar, el líder (yo) escogió el peor lugar posible en la carretera así que Sheldon tomó el liderazgo y pronto encontramos el camino, que nos llevó a una intersección de cuatro vías de esas que infunden pánico. Sheldon la cruzó de inmediato en amarillo sin esperarme y al seguirlo rápido para no perderlo la luz cambió a rojo exactamente cuando iba yo a la mitad, lo cual no es recomendable cuando se está a la mitad del tráfico mañanero alemán. La adrenalina comenzó a fluir de inmediato al ver la flota de latas dirigiéndose a mí, y al instante puse en práctica el “panic stop” que tanto practiqué en la escuelita en mi pequeña Hondita de 125cc. Por supuesto que no tenía ni la menor idea del poder en los frenos con ABS de mi RT y se sintió como aterrizar en un portaaviones con la ayuda del gancho, al mismo tiempo, me olvidé de apretar el depósito con las rodillas y de apretar el clutch así que al final del enfrenón terminé con el culo sobre el tanque de gasolina, el motor muerto y los ojos de fuera, para añadir un poco más de humor al asunto.

De inmediato arranqué el motor y me desaparecí de ahí tan rápido como pude antes los ojos atónitos de veinte o treinta conductores teutones, llevándome conmigo toda mi vergüenza y dejando una mancha color café en el pavimento.

Perdidos? Naaa!

Perdidos? Naaa!

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Por lo menos la visita al sitio valió la pena, se trataba de Dilsberg, un hermoso poblado con su muralla medieval y hermosas callecitas empedradas, las cuales me enseñaron muy rápido a tenerles respeto cuando se anda en moto. Me detuve a tomar una foto a un bello especimen de la fauna local (con minifalda) naturalmente sin poner atención a que la calle estaba a desnivel, y al tocar el suelo a nivel más bajo la suela de mi bota nueva se deslizó como jabón en bañera. No sé como pude mantener el equilibrio pero por poco me desgarro el músculo de la pierna en el proceso, me imagino que se ha de haber visto bastante simpático pues la chiquita en cuestión se fué rápido de ahí aguantándose la risa. Por si se preguntan, no alcancé a tomar la foto.

El regreso fue sin novedad excepto por un pequeño embotellamiento causado por un vehículo de mantenimiento que se encontraba podando unos árboles enormes junto al camino, así que Sheldon tuvo la maravillosa ocurrencia de aplicar sus reglas de conducción australianas y simplemente rodeó a todos los autos por el acotamiento lateral de emergencia (la misma que no se debe de usar), ignorando a mi buen juicio y a pesar del susto anterior lo seguí, y a unos cuantos metros, a una damita en un Opel Corsa se le ocurrió salir disparada a la derecha también siguiendo el ejemplo de Sheldon. Por suerte yo iba muy despacio y no fue necesario poner a prueba la eficiencia de mis frenos, o de manchar mis calzones otra vez.   Este maldito Sheldon no tuvo ningún problema en ignorar la aburrida etiqueta de conducción Germana! Por suerte el resto del camino fue sin problemas lo cual me causó mucha alegría, pues ya tenía yo suficiente evidencia de que el andar moteando con él me iba a hacer envejecer más rápido de lo normal.

Y así se acabó mi primer ruta en moto con muchas satisfacciones y más lecciones, fué una experiencia inolvidable que disfruté muchísimo, y que dió comienzo a un proceso interminable de aprendizale, no quedándome otra cosa mas que re-empacar todas mis porquerías como repuestos, mapas, la cubierta de la moto, etc. en la misma maleta enorme en que las traje y lo bajé a la bodega de Stefan. De ahí caminé los tres minutos a la estación de tren, y continué el nuevo ritual de “Aviones, Trenes y Automóviles” de regreso a Dubai y su calor infernal.

La lista de lecciones hasta hoy:

  1. Deja el ahogador puesto más tiempo.
  2. Cómprate tu propio medidor de presión para neumáticos.
  3. No detenerse en una calle con desnivel, y si no hay de otra, hazlo perpendicular a la pendiente.
  4. Si vas con alguien, hay que ponerse de acuerdo cuándo hay que parar; no violar las reglas de conducción por querer seguir a nadie; y NUNCA cruzar una intersección hasta estar TOTALMENTE SEGURO de que la maldita luz roja no es para tí!
  5. La más importante: Nunca sigas a un Australiano.

2 thoughts on “Heidelberg

  1. fer

    Buenas reglas de conducción.Yo añadiría que, si vas cargado y tienes que ponerle el caballete a la moto, hazlo en un sitio sin desnivel y haz la fuerza correcta con la pierna, no vaya a ser que te ocurra como a mí, que al intentar ponerla sobre el caballete yo sólo, en el esfuerzo, me hice una rotura de fibras en el gemelo y el viaje con mi hijo de vacaciones, se acabó a las 2 horas de iniciarlo.
    Un saludo desde Navarra y sigo atento a tus andanzas.

    Reply
    1. camellero Post author

      Te agradezco tu comentario Ferdi, especialmente valioso el consejo porque siempre llevo la moto pesada. Un saludo y espero poder pasar por Navarra algún día pues se ve que es hermoso.
      Gracias por tu visita al blog y un saludo. Kiko

      Reply

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